Todo y Nada.

Puede que os haya contado la historia en la que había un rabino en un pequeño pueblo al que un hombre fue a visitar. Este hombre pensó: “Ya que vive aquí este rabino y como he leído algunos de sus trabajos, voy a visitarle”. Entonces fue a la casa y encontró que estaba completamente vacía, no había ningún mueble y tuvo que sentarse en el suelo. Se saludaron, y este hombre dijo al Rabino: “Estoy por aquí de paso y he venido a saludarte”. Siguieron hablando un tiempo, hasta que este hombre preguntó: “Rabino, ¿dónde están tus cosas?”. Y el Rabino contestó: “¿Para qué voy a tener algo?, yo también estoy de paso por aquí”.

Esa es la vida. Llena de “nada” y al mismo tiempo esa nada es el “todo” de la existencia. El comprender esto no significa renunciación, significa aceptación de lo que ES. Primero aceptación de uno mismo, y luego, automáticamente todo lo de alrededor es aceptado.

Los teólogos dicen que todo es una creación de Dios. El místico dice algo diferente aunque quizá sea lo mismo: Simplemente ES. “Yo soy”. Todo esto está ahí, porque yo estoy aquí. Si yo no estuviera aquí, eso no estaría ahí.

Porque el sujeto para conocerse a si mismo necesita el objeto, y cuando el objeto desaparece, el sujeto desaparece. Esto es en el campo de lo personal, y mientras estamos en lo personal, todo ES.

IFSU

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