La entrega.

Parece que es un largo viaje volver al punto de partida; y sin embargo sabes que no existe comienzo, ni fin, ni trayecto en ese viaje. Estamos extraviados en nuestro viaje.

¿Por qué tememos a la entrega?. ¿Cómo podemos volver sin estar por más tiempo inquietos y torturados, sino integrados en el amor, en quietud para siempre, sabiendo que su voluntad se hizo?. !Estupendo!, la base de la pregunta es, ¿por qué (NO) sentimos la entrega?.

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La entrega es algo desprovisto de cualquier tipo de miedo. Es como una persona que quiere aprender a nadar; al principio, la persona tiene mucho miedo a saltar al agua, teme hundirse, pero si no da el salto, no aprenderá a nadar. Y no debe saltar a aguas que no cubran, porque allí tiene protección, porque sabe que si no puede nadar, siempre puede ponerse de pie en el agua, porque solo cubre medio metro.
La persona que quiere aprender a nadar, debe saltar a aguas que tengan 3 o 4 metros de profundidad. Y en la batalla, llega un momento en el que se encontrará nadando.

Y ¿qué es lo que ha hecho?, se ha entregado, se ha rendido a sí mismo y se ha zambullido; ha dado un salto hacía lo desconocido. Porque tienes que dar el salto hacía lo desconocido, hacía la cuestión que equilibra la vida y la muerte.

Tienes miedo, ¿me hundiré?, pero cuando reúnes el coraje para decir “nadaré”, entonces todas las tensiones del cuerpo desaparecen, y al mismo tiempo que desaparecen las tensiones, te das cuenta de que flotas y nadas; y entonces !qué gran gozo!,!qué experiencia!, puedes nadar.

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