La dualidad.

Todo hombre tiene la habilidad y la capacidad de reunir en si mismo todo lo que es. Toda persona es el hijo igual que es el Padre. El problema está cuando se crea la dualidad, cuando debido a la ignorancia se encuentra la separación entre el hijo y el Padre. Pero esto es necesario en el proceso de la evolución, porque de la dualidad, de la diversidad, se encuentra la unidad. Y cuando la unidad se encuentra, entonces naturalmente cesa la separación.

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Cuando Jesús dijo: “Yo no soy el que hace, mi Padre es el que hace”, estaba hablando a las personas que solo podían entenderle en ese nivel de dualidad, por eso decía: “Orar a vuestro Padre que está en los cielos”. Pero cuando estaba con los cercanos que podían comprenderle, decía “Yo y mi Padre somos uno”, no hay separación. Significa que el Padre es un Padre inmanente aquí y ahora en toda la existencia, interprenetrante en toda la materia relativa. Materia y Energía son las dos caras de una misma moneda, y ninguna puede existir sin la otra.

El objetivo del hombre es alcanzar el estadío en el que deja de sentirse separado, porque es la separación la que produce engaños y lleva a la persona a la polaridad, a la ley de los opuestos. Las personas ven las cosas como el extremo de un palo, ven el lado izquierdo o el derecho, pero en realidad es un solo palo que tiene polaridad, aunque al mismo tiempo y de forma paradójica, si se le da vueltas, el lado derecho se vuelve el izquierdo y el izquierdo se vuelve el derecho.

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En el progreso de la evolución, desde el comienzo del tiempo, el universo asumió diversos ciclos de existencia, porque todo lo que ha sido creado debe perecer, todo lo que nace es mantenido o preservado un tiempo y después entra en decadencia y muere; y de esas mismas cenizas, de esa disolución, surge otro universo. Esto es gobernado por las leyes de la relatividad, y así es como surgen todos los cambios desde la materia subatómica primordial.

Desde el átomo primordial se ha creado este universo, y a través de su propia fuerza es propulsado de una forma que conocemos como lineal, como el espacio, y donde hay espacio tiene que haber tiempo, porque la medida del espacio solo es a través del tiempo, y el tiempo es medido por el espacio.

Así pues, en términos relativos tienes tiempo y espacio, pero en términos absolutos, en términos del Padre, no hay ni tiempo ni espacio. Todos estos niveles de formas y existencias son únicamente dimensiones que se interprenetran unas con otras, súper impuestas unas sobre las otras.

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