Despertando a la Verdad.

Si os acercáis a una luz deslumbrante, podéis quedaros ciegos. Sólo los que miran desde lejos son capaces de ver algo.

Esa es la auténtica razón por la que un profeta verdadero nunca es reconocido en su país y en su tiempo. Solamente después, cuando no hay que mirar cara a cara el resplandor de su luz, puedes reconocer la impresión luminosa que quedó grabada en tu ojo interior: “¡Dios mío!, he estado en compañía de un Dios viviente y no me he dado cuenta”.

Copy (2) of Gururaj photos 011Todos los grandes sabios y maestros atraviesan por esa experiencia. Incluso en la vida cotidiana más corriente, sucede algo similar.

Cuando íbamos a la escuela no nos gustaban los profesores y nos quejábamos de ellos diciendo: “me exige mucho, no me enseña bien, me presiona demasiado”. Años después, cuando hemos madurado, recordamos a aquel hombre con el que aprendimos tanto.

Yo recuerdo siempre a un maestro de mi infancia. Su clase solía terminar a las tres y media, pero a las tres nos pedía que guardásemos los libros y las plumas.

Entonces el profesor se sentaba relajado en el escritorio y nos hablaba de cualquier tema, generalmente de temas que tenían poco que ver con el trabajo habitual de la escuela: hablaba de astronomía, comentaba noticias mundiales, conversaba sobre las Escrituras o cualquier cosa que se le ocurriera. Y muchos de nosotros pensábamos: “¿por qué no nos deja ir a casa en lugar de estar escuchando sus ocurrencias?”.

Más tarde en la vida, me di cuenta de cuánto me había ayudado, estimulando mi curiosidad para conocer aquellas cosas que me parecían tan triviales, irrelevantes y sin importancia en aquellos años.

Copy (2) of Gururaj photos 010Puede que, de momento, no comprendáis el trabajo del Maestro. Es natural, porque para comprenderlo, los discípulos tienen que estar muy evolucionados: deben estar cercanos al estado Crístico, porque sólo desde ahí puede darse el reconocimiento.

Pero, por otra parte, ¿qué sentido tendría para Cristo estar rodeado de personas que también son Cristos? Eso no sirve a ningún propósito. Él tiene que rodearse de aquellos cuya comprensión aún no está totalmente desarrollada, para que, cuando su Conciencia y comprensión crezcan, puedan compartir lo que ha ido creciendo en ellos. Así es como la enseñanza se propaga de época en época. La verdadera enseñanza consiste en compartir el despertar que se ha producido en nosotros.

En la época de Jesús, sus discípulos nunca alcanzaron ese despertar. Sucedió después, y fue entonces cuando empezaron a compartirlo.

Nosotros también somos discípulos de Cristo. No cometáis el error de poner más atención en Jesús el hombre, que en la omnipresente Conciencia que en él se ha encarnado.

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